Los aranceles del 25% sobre las importaciones de vehículos a EE.UU. siguen en vigor. Esto deja a la industria del automóvil con importantes costes empresariales y decisiones de inversión complejas y costosas.
Como la mayoría de los fabricantes de automóviles se han comprometido a la transición a trenes motrices altamente electrificados, se han enfrentado a varios desafíos bien conocidos en la industria: el desarrollo de la cadena de suministro, los altos costos de producción, la falta de infraestructura de carga disponible, el rango de alcance de los vehículos eléctricos de batería (BEV), y los precios exorbitantes de los vehículos terminados. Esto ha provocado que la adopción de vehículos eléctricos no haya crecido de acuerdo con las expectativas y objetivos de la gran mayoría de los fabricantes de automóviles: según datos de S&P Global Mobility, en 2024, las matriculaciones de vehículos eléctricos de batería (BEV) representaron el 7,8% del mercado total de EE.UU., mientras que en Canadá supusieron el 6,4%. En México, las ventas de BEV representaron el 1,62% del mercado total, según información oficial del INEGI.
Además de los retos específicos de los vehículos eléctricos, el sector automotriz enfrenta hoy otro gran desafío derivado de la guerra arancelaria comercial en curso; los anuncios, las reglas finales de implementación, así como las fechas de imposición oficial, han variado dependiendo de los acuerdos y negociaciones con países como México. Las recientes actualizaciones de las medidas arancelarias sobre componentes, en cumplimiento del T-MEC, alivian ligeramente la situación. Sin embargo, los aranceles del 25% sobre las importaciones de vehículos a EE.UU. siguen en vigor, y esto sigue dejando a la industria del automóvil con importantes costes comerciales y decisiones de inversión de capital complejas y costosas que tomar a corto plazo.
A modo de breve recapitulación, la producción de vehículos en Norteamérica comenzó a sentir el efecto de la pandemia mundial de COVID-19 a principios de la década de 2020: desde inspecciones y saneamientos exhaustivos de los componentes importados de otros países, hasta paradas de producción debidas al confinamiento mundial que llevaron a la industria regional a niveles cercanos a los de la crisis económica de 2008. La escasez de semiconductores agravó aún más el sector en 2021 y 2022. Finalmente, justo cuando la industria automotriz veía la luz al final del túnel, la logística de salida de vehículos terminados se convirtió en un gran reto para las armadoras con operaciones en México durante 2023.
A pesar de estos obstáculos, la industria automotriz ha surgido más resistente y flexible, encontrando nuevas y sólidas formas de gestionar sus operaciones en toda la cadena de valor de producción de vehículos.
De cara al futuro, si el entorno extremadamente volátil continúa durante un período prolongado de tiempo, podríamos ser testigos de un reajuste completo en la configuración actual de las operaciones automotrices regionales tal y como las conocemos. Con un futuro incierto por delante, tomar decisiones calculadas para maximizar la flexibilidad será más crucial que nunca.

