La reciente inestabilidad geopolítica ha reavivado el interés por las cadenas de suministro mundiales, lo que ha llevado a las empresas estadounidenses a reevaluar estrategias de hace décadas. El modelo tradicional "justo a tiempo", basado en la estabilidad global y los inventarios mínimos, está siendo sustituido por un enfoque "justo en caso" que hace hincapié en la capacidad de recuperación. Acontecimientos como la pandemia de COVID-19 y el aumento de las tensiones geopolíticas han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las largas y complejas rutas de suministro.
En respuesta, las empresas están trasladando la producción a Norteamérica, adoptando el "friend-shoring", diversificando los proveedores fuera de China y creando mayores reservas de seguridad. Estas medidas pretenden mitigar las interrupciones y reducir la exposición al riesgo geopolítico. Tecnologías avanzadas como el Internet de las cosas, el análisis predictivo basado en la inteligencia artificial y la automatización permiten ahora la visibilidad en tiempo real y la modelización de riesgos, lo que hace más viable la deslocalización.
La resiliencia tiene un coste financiero y requiere una estrecha colaboración entre los directores de operaciones y los directores financieros. Sin embargo, los ejecutivos consideran cada vez más que estas inversiones son esenciales. En este entorno de alto riesgo, la fiabilidad de la cadena de suministro se ha convertido en un elemento diferenciador fundamental y en la base de una ventaja competitiva a largo plazo.

