El arancel del 25% sobre las piezas de automóvil entra en vigor el 3 de mayo y marca un antes y un después para la industria automovilística norteamericana. En este análisis en profundidad, exploramos los riesgos inmediatos, el papel clave de México y las crecientes tensiones con Estados Unidos.
El 3 de mayo, cuando entre en vigor el arancel del 25% sobre más de 100 categorías de autopartes -incluidos motores, transmisiones, volantes, bisagras y componentes electrónicos-, podría comenzar una disrupción de tipo COVID en la cadena automovilística mundial. Así lo advierten en una carta conjunta al gabinete de Donald Trump seis de las organizaciones más influyentes del sector en Estados Unidos, entre las que se encuentran fabricantes, concesionarios y proveedores estadounidenses y extranjeros.
La advertencia es clara: un solo corte de suministro puede paralizar toda una cadena de montaje, como ocurrió durante la pandemia. La industria no tiene margen financiero ni logístico para absorber un golpe tan brusco.
El 3 de mayo podría marcar un nuevo hito en la industria automovilística norteamericana. Más allá del impacto inmediato, se está gestando una transformación estructural en la que México, Estados Unidos y Canadá tendrán que redefinir sus reglas, capacidades y prioridades.
La cuestión no es sólo si las cadenas resistirán el embate de los aranceles, sino también quién será capaz de adaptarse más rápidamente y con mayor inteligencia industrial. Para muchos, ésta es una época de peligro. Para otros, es una oportunidad histórica.

